martes 26 de diciembre
pip... pip... pip... Se ha muerto James Brown...
pip... pip... pip... Se ha muerto James Brown...
No sé decirlo mejor: me ha tocado la lotería.
Ahora que todo el mundo anda como loco haciendo balance con el asunto de las listas de lo mejor y peor de este 2006, sólo un pequeño adelanto de algo que gustará mucho -musicalmente- el año que viene. Es un nuevo tema de Arcade Fire -aviso, está como cortado- sacado de las entrañas de los blogs musicales de internet, que, ya saben, ahora se han hecho con el maravilloso papel que antes ocupaba Soulseek, y me tienen sumida en la desesperación, navegando y navegando en busca de un temilla por rescatar. Que sepan que estas líneas son sólo un apunte. Continúo enfrascada en mis tareas de dos posts más abajo, además de mi trabajo diario. Ya nos han dicho que el jueves sacan La Maratón en El Periódico y en El Punt. Nervios. En la imagen, un pinball, un gran juego que habría que rescatar de los anales del pasado.
Como la pólvora misma, fugaz, rápida, centelleante... el nombramiento dejó a la redacción sumida en una extrañeza a mitad de camino entre la alegría y la incertidumbre. No pudo más que repetir lo que se había dicho a sí misma durante la noche anterior: más dinero, más poder, y un apoyo incondicional. Sí, más dinero, más poder, y un buen fondo para acabar de pagar la hipoteca. Just a really Big Day.


Les dejo con un poco de publi de mis labores varias. Por supuestisísimo, no cabe decir que están todos ustedes invitados a participar...
Y con respecto al blog, ando con un poco de trabajo -como imaginarán-, espero que no les importe si desaparezco unos días.
Ché, qué lindo es el revisionismo histórico!
Casi seguro que fue al acabar Roadrunner, antes de You where always on my mind, cuando me entró algo en el ojo. Recuerdo la escena: iba en moto, el viento rozaba mis pestañas y las luces rojas de los coches estaban difuminadas horizontalmente, siguiendo el dibujo del mapa de la Avenida Diagonal. Esta vez no me han puesto parche ni me he quedado medio ciega aunque me han cobrado una pasta que no tengo. Otra -mala- experiencia de sobras conocida en nuestra sede franco-hispana es el dentista. En casa se ha desarrollado una extraña mimesis con el gato y de repente estamos perdiendo -trozos de- dientes como si fueran monedas de céntimos. Además de ya no poseer, digamos, virilidad (hace ya unos años, por eso), a homi le han desaparecido dos de sus cuatro colmillos. Sus dueños hemos de pasar por el sacamuelas too. Así que la semana, pues, no está discurriendo, supongo, como debería hacerlo. Aún sigo esperando mi Burgess cheque y he tardado siete días de más en cobrar otro trabajo. Pobre como una zapatilla y trabajando en puente, mi única esperanza en estos días está depositada en el soulseek. Hoy me han llamado adicta y no lo he negado. Por fin ya tengo el Transaction de Novo de Bedhead y Précis de Benoît Pioulard. Siguiendo con el asunto de la música, hace días que llevo pensando en escribir sobre las nuevas bandas que recrean el shoegaze (M83, The Radio Dept., Khonnor, Asobi Seksu o mis admirados Karen Koltrane) y de paso hablar de algunos de mis grupos favoritos (Felt, Piano Magic, The Field Mice, My Bloody Valentine, Ride o Galaxie 500). También quería divagar sobre Felt y Penélope Trip (ya saben de dónde sacaron el nombre, ¿no?), sobre Sarah, sobre lo poco que me gustan las nuevas canciones de los Clap (menos Satan Said Dance) y lo grandes-grandes que eran los Zombies. Pero cuántos más tiempo pasa más alejadas quedan esas ideas. Recorcholis. Mi blog no es un blog de música. Aunque cada vez tenga más parecido a uno de ellos. Pero no, gracias al cielo, no. Es algo mucho más grande: es un blog sin ánimo de trascender, que ya es mucho.
Midget Submarine de los Swell Maps tiene mi edad.
Gracias a los pies bien puestos de mi aliado, abandonamos el perverso camerino en el que nos hallabamos y nos retiramos a una hora suficientemente prudencial como para levantarme con algo de frescura en la cabeza. Muchas cosas pasaron hasta entonces, pero nada tan destacado como la actuación de las infalibles ESG directamente aterrizadas del Bronx. Su segunda visita en un año y nuestro segundo concierto de ellas y siempre sin dejar de bailar. Las hermanas Scroggins y descendencia son de lo mejor que le ha pasado a la música en los últimos 20 años. Una pena porque me hubiera gustado que me tocara a mi la responsabilidad de grabar ese concierto, y, además, estabamos entonces en mitad de Bandwagonesque. Como muestra de lo que fue el Primavera Club, dos botones: "The Greatest" de la insoportable Cat Power -efectivamente, fuimos unos cuantos los que no aguantamos su actuación-, y "Ankle Injuries", de los chicos del post de abajo. En rigurísimo directo. Y por si queda algo de interés, seguimos preocupados por la salud dental del gato.
-Oiga, que me voy para entrevistar a Fujiya y a Miyagi...
-Perdón, ¿a Fuji quién?
-Sí, Fujiya Miyagi, los de Fujiya Miyagi Fujiya Miyagi Fujiya Miyagi...
Empieza el primer día del último mes, y hay mañanas, sobre todo aquellas en que mi único objetivo es llegar antes de las dos al mercado, en las que pienso, de verdad, que it's a wonderful life.
En un día como hoy no me apetece ir a trabajar.
Carlos y yo hemos dado el pistoletazo de salida de la temporada.
No sólo la vuelta de Gijón (las pongo en orden de gusto: Old Joy de Kelly Reichartd, Wassup Rockers -just The Warriors según Larry Clark y la imagen que ilustra esta entrada- , Impaled -de la serie Destricted-, también de Larry Clark, A Guide to Reconogzing Your Saints de Dito Montiel, La línea recta, de José María de Orbe, Shortbus de John Cameron Mitchell, The History Boys de Nicholas Hytner, más un par de films insufribles - Quinceañera de Glatzer & Westmoreland, y Slumming de Michael Glawogger -, sin contar los oricios, la sidra y los ágapes de aúpa en el Ataulfo, los dos Savoys, y un largo etcétera...) nos ha dejado trastocados. La depresión post -vacaciones se ha acrecentado al descubrir que el gato ha perdido un diente, literalmente se le ha caído su colmillo tan característico y en su lugar hay un agujerín. Aquí una foto de él y su colmillo antes de que desapareciera por completo. Él está bien, pero aún no sabemos si celebrar el ratoncito Pérez o llevarle al dentista.
Larry Clark, un tipo duro con gorra y gafas de sol, le ha pegado un par de cortes al traductor oficial del festival -quien, al parecer, los rumores indican que no es tan simpático como parecía-, pero a medida que la rueda de prensa se ha ido vaciando, el tipo se ha relajado y ha empezado a explicar que el guión de "Wassup Rockers" sólo tenía 40 páginas, que la primera parte de la peli es una recreación de las historias que la pandilla de chavales protagonistas le contó a lo largo de los dos años que duró la preparación del film, que muchas de las cosas que se rodaron ocurrieron como son mostradas y que le gustaria repetir con varios de los chicos en su próximo fim, "Wild Child". Un tipo duro pero generoso en respuestas. Por cierto, igual que Carmichael, también ha perdido la maleta. Buscamos jerseys.
Con mi libro de Yuri el ruso, mi programa acabado, mis textos entregados y las promos repartidas, hasta el martes con la compañía de una canción que empieza con la misma letra que Gijón: Godzilla Flick, Heart it is 1986, del inconmesurable Wayne Coyne & Co.
"He sido muy afortunado en mi carrera, nunca he tenido que dirigir una película que no quisiera", dijo una vez el recientemente fallecido Bobby Altman. Nacido en Kansas y muerto ayer en la meca del cine, Los Ángeles, al estadounidense le debemos grandes obras de la irreverencia en el séptimo arte, como M.A.S.H. (1970), aunque también otros inexplicables productos como Popeye (1980) y Prêt-à-Porter (1994). Huraño y alcohólico, según el afilado Peter Biskind en el esencial "Moteros Tranquilos, Toros Salvajes", Altman deja una filmografía básica para entender el fracaso de esa generación que con las drogas, el sexo, la sangre y el rock n'roll llegó a Hollywood dispuesta a derruir el totémico sistema de estudios y que acabó siendo engullida por el monstruo. En la imagen, dos grandes, Hawkeye y Trapper respectivamente, vestidos para la ocasión. Y por supuesto, la banda sonora, firmada en en el albor de los setenta por Altman Jr., si pinchas aquí.
Jackson C. Frank en bucle. Lo mejor de Electroma.
1. Hoy me levanto completamente apaleada tras la serie de cervezas, acompañadas de un traguillo de Jack Daniel's y una copa de cava, de anoche durante y después del concierto de la cultural solynieve. En un arrebato a media tarde decidí que no podía perdérmelo. Aunque fuera sola.
2. Autodidacta y señora estaban allí, grandes fans, siempre muy simpáticos. Cris también, y el inconmesurable Luis Troquel ladeaba la cabeza a mi lado. También por lo visto muy fan. El concierto sonó muy compacto y su sonido en directo, reconozco, es el triple de mejor que en el disco. Suenan a los planetas, sí, pero tras haber pasado una larga temporada en la campiña. Lo mejor fue la lista de invitados (los implacables RDL no asistieron), la infinitud de chapas y el cd que me llevé porque sí. Gracias solynieve.
3. Faltaba el chico de las gafitas que prohibe fumar y todo quisqui aprovecho para fumo casi hasta morir. Hoy lo estoy sufriendo. Pero quien no faltó fue Scannerboy con mil pegatinas en su bolsillo. Como siempre reímos mucho y a él y a su amigo les regalé cuatro chapas que decían algo así como "claro y meridiano". Las más chulas. También al embajador heleno le regalé una que decía "se ve que hay calidad". Muy contento le dejé con el sector griego de la capital catalana, no sin antes prometerle que escribiría un montón sobre prostitución, ordenanza de movilidad, el asunto de los trenes y algo más en su nuevo y recomendadísimo blog. Las cosas que hace el alcohol.
4. Más de una hora vagabundeando por casa, veo que está lloviendo, y tras acabar con el granini buenos días de naranja, plátano y no recuerdo que otro ingrediente, recuerdo que había quedado a las once para ir a cobrar, por fin, mi Burgess-cheque. Tan rauda y veloz como mi resaca me permite, salgo de casa. Sin moto, llueve, y en metro.
5. "Posibilidad de compicaciones económicas", leo en el horóscopo del diario que compramos por eliminación, maldiciéndome porque nunca me paro en esa página. Por el momento, aciertan porque no hay ingreso del sueldo de The Reason. Nunca pagan en viernes, recuerdo maldiciendo de nuevo.
6. "Esto es un timo". Siempre he tenido peleas con los encargados de transporte público y taxistas. Tengo mal genio, sí, pero los medios de transporte públicos en Catlland son una miseria, vuelvo a maldecir. A los problemas de la red de Cercanías, ya deben conocer el via crucis que sufrimos, se le une que es el más caro de España y con peores infraestructuras e inversión. Tanto ombliguismo para que luego tengas que pagar dos veces por un trayecto irrisorio. Moverse por Barcelona cada vez es más complicado y eso me hace recordar la ordenanza y el tema de la bici y mis multas a tráfico. Rayos.
7. Como en el cuento de la lechera, mi sueño del Burgess-cheque se desvanece. Ni he traído los libros ni la factura, y el ordenador de The Great Pretender, estropeado. El despacho es muy lindo sí y me quedo un rato absorta con las portadas del New Yorker que hay encima de una cómoda. Al salir me cruzo con el boss y me fijo en que es extremadamente bajito. Muy bajo.
8. Salgo cabizbaja, sin dinero y sin moto. Ya no llueve.
9. Flaneûr, a lo Baudalaire, piendo en pasar de esa manera el resto de la mañana hasta que me avisen el dúo dinámico para la reunión del mediodía. Bajo por la calle de mi infancia y me paro en mi antigua pastelería para comprarme el desayuno, a la una del mediodía. y una barrita de mi chocolate favorito. Ya no están los italianos donde comprabamos pasta fresca, y veo que también ha cerrado la cafetería donde mi madre suele tomar café. En los antiguos barrios ya sólo sobreviven las tiendas de ropa y bolsos y las panaderías de pan de goma.
10. En la Diagonal me siento a leer el diario, arrugado y manoseado, a la espera de la dichosa llamada. Llueve y se mojan las páginas de papel endeble.
11. Juez tiene cierre y se cancela la comida media hora antes. Mi cólera es infinita y mi agujero en el estómago aún más. Todo se pospone y yo no quiero posponer Borat, seguramente el film de la temporada. Mi media naranja me lo dijo y yo confío ciega en él.
12. Pienso en la sesión nocturna. Estará hasta los topes y odio los cines pero es la única oportunidad que queda para verla hoy. Ya nos la saltamos en Sitges y antes de ir a Gijón me apetece un poco de aventura fotogramera. Borat y su tanga fluorescente. Sí, eso es situacionismo. El señor Herzog es el ganador del podio de este año, indiscutiblemente, pero el príncipe será el ¿kazajinés, kazajano, kazajastino?
13. La armonía del matrimonio casi se rompe por mi cólera engrandecida. Estoy cansada, no quiero cocinar y aún menos fregar otra vez los platos del desayuno de los chicos, como cada mañana esta semana. No hay nada que odie más. Bueno sí, a mi gato cuando no para de maullar, la guardia urbana, los mensajes de trabajo a las dos de la mañana y las chicas que llevan falda y mallas a la vez. Ufff...
14. Decía que la armonía mationial casi se rompe cuando he llamado a mi Engel y me he puesto a lloriquear y quejar y lamentar de que no tengo dinero. Es el cumpleaños de mi mejor amiga, recuerdo. Tras un rifirafe discutiendo donde comemos, al final decidimos quedarnos en casa. Abro el mail y me llegan los links via Montse Houston Party del disco de versiones de Pet Sounds. Mi destino empieza a cambiar. Juez también quiere ir a ver Borat tras la reunión y, además, el señor de la casa cocina. Sopa.
15. Y así hasta 24. Escribo para desahogarme en un ejercicio de estilo copiado a mi benefactor, con quien cohabito desde ya tres años. Él sufre, a saco, cuando escribe sin percatarse de que lo lleva en las manos. Sufre en el trabajo y sufre en casa, y nos ha salido un gato sufridor. El hastío es palpable. Ahora nos ha dado por sufrir más al engancharnos a las peripecias de Jack Bauer en el día más largo de su vida. Anoche hicimos un parón, porque me fui al concierto, pero somos unos jodidos adictos. Cocaína televisiva, dice Oscar Blog. Aún quedan 16 horas y no sé que haremos al final del último capítulo Somos tan tan adictos que podríamos ver diez capítulos seguidos, como Marcel le confesó a mi marido que una vez hizo. Aunque claro, igual que como con la resaca, acabaríamos apaleados.