suicidas ejemplares
La fiebre del suicidio ha llegado a Barcelona y se ha posicionado como la primera causa de muerte en la ciudad en las personas de entre 15 y 45 años, desvancando a los accidentes de tráfico y las sobredosis de droga, siniestros que usualmente ocupaban el primer puesto del podio de la mortalidad en la capital catalana. Aunque suelen dar la espalda a estas muertes durante el resto del año -cuestión de ética le llaman-, la fiebre suicida llegó tambien ayer a las páginas de los diarios. Se podría decir que hay una automuerte cada semana, tal y como hinchan algunas cabeceras, pero la realidad es que en todo 2005 hubieron dos suicidas menos: de 46 se ha pasado a 44. Más allá de la ofensa de las cifras, el suicidio es un siniestro atractivo por todo lo que tiene de enigmático. Hay clubes de suicidas, suicidios en masa, asistidos, inmolaciones, y muchos ilustres de la historia (Séneca, Cleopatra, Hitler, Goebbels, Goëring, Walter Benjamin), de la literatura, (Drieu La Rochelle, Larra, Guy Debord, Mishima, Gilles Deleuze, Tristan Egolf, Sylvia Plath, Anne Sexton, Hunter S. Thompson, Georg Trakl, Virgina Woolf), de la música (Nick Drake, Elliot Smith, Epic Soundtracks, Ian Curtis, Albert Ayler, Kurt Cobain), del cine (Peg Entwistle, Fassbinder, Jean Seberg), o de la ficción (Werther) se han quitado la vida y ahora pertenecen al olimpo de los suicidas ejemplares. Los de Wikipedia, tan aplicados, han elaborado una lista muy práctica que se puede ir corrigiendo, y en Brásil ya han editado un diccionario al respecto. Como soundtrack, una bónita canción de Epic para no llegar a estos mortuorios términos.
