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La Copa de Europa

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Trilogia I: To Livadi pou dakryzei

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei Dos años ha tardado en rodarla. Tres meses para vacíar el río, más de seis meses para construir un pueblo y esperar otro año más para inundarlo. Tener delante a un señor como Theo Angelopoulos - bajito, calvo, un poco enclenque, tras unas gafas de sol medio traslucidas- y que te explique que no concibe la división del tiempo en presente, pasado y futuro, que es un todo; que te explique que, como Borges dijo de su literatura, hace películas para el mundo, para ti; que sentencie que no hay cine de autores sino cine personal, que hay quien es autor y quien lo intenta, que en Europa falta la nouvelle vague de la nouvelle vague, que a Europa le faltan mitos, que nos hemos despojado de Homero y de la mirada orfeica que nos ayudaba a construir nuestra identidad; que comente, a media voz, con la ausencia de la melancolía, que los viajes ficcionales que filma son viajes hacia sí mismo... Tener delante a un señor que ha rodado una película como ELENI -se estrena a finales de enero, probablemente con otro nombre-, un gran, grande poema trágico, de lenguaje desnudo por nacer como verbo e imagen epidérmica, de cadente movimiento por sus preciosistas planos panorámicos que engloban en una sola toma una geografía tanto espacial como temporal, un poema que es una historia de amor, de destierro, de apátridas..., en definitiva, una historia sobre la primera mitad del siglo XX; pues tener delante a ese señor es sentir como la electricidad de tu cuerpo entero se concentra en tu corazón para ir a a tu cerebro en un movimiento de vaivén contínuo del que, cuando todo ha acabado, no puedes, sino, caer en el vacío de las preguntas sin respuestas. Porque claro, a una no le han otorgado el Premio FIPRESCI a la mejor película europea de este año que termina. Mañana en Barcelona se lo darán al señor Angelopoulos.

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei Dos años ha tardado en rodarla. Tres meses para vacíar el río, más de seis meses para construir un pueblo y esperar otro año más para inundarlo. Tener delante a un señor como Theo Angelopoulos - bajito, calvo, un poco enclenque, tras unas gafas de sol medio traslucidas- y que te explique que no concibe la división del tiempo en presente, pasado y futuro, que es un todo; que te explique que, como Borges dijo de su literatura, hace películas para el mundo, para ti; que sentencie que no hay cine de autores sino cine personal, que hay quien es autor y quien lo intenta, que en Europa falta la nouvelle vague de la nouvelle vague, que a Europa le faltan mitos, que nos hemos despojado de Homero y de la mirada orfeica que nos ayudaba a construir nuestra identidad; que comente, a media voz, con la ausencia de la melancolía, que los viajes ficcionales que filma son viajes hacia sí mismo... Tener delante a un señor que ha rodado una película como ELENI -se estrena a finales de enero, probablemente con otro nombre-, un gran, grande poema trágico, de lenguaje desnudo por nacer como verbo e imagen epidérmica, de cadente movimiento por sus preciosistas planos panorámicos que engloban en una sola toma una geografía tanto espacial como temporal, un poema que es una historia de amor, de destierro, de apátridas..., en definitiva, una historia sobre la primera mitad del siglo XX; pues tener delante a ese señor es sentir como la electricidad de tu cuerpo entero se concentra en tu corazón para ir a a tu cerebro en un movimiento de vaivén contínuo del que, cuando todo ha acabado, no puedes, sino, caer en el vacío de las preguntas sin respuestas. Porque claro, a una no le han otorgado el Premio FIPRESCI a la mejor película europea de este año que termina. Mañana en Barcelona se lo darán al señor Angelopoulos.

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei Dos años ha tardado en rodarla. Tres meses para vacíar el río, más de seis meses para construir un pueblo y esperar otro año más para inundarlo. Tener delante a un señor como Theo Angelopoulos - bajito, calvo, un poco enclenque, tras unas gafas de sol medio traslucidas- y que te explique que no concibe la división del tiempo en presente, pasado y futuro, que es un todo; que te explique que, como Borges dijo de su literatura, hace películas para el mundo, para ti; que sentencie que no hay cine de autores sino cine personal, que hay quien es autor y quien lo intenta, que en Europa falta la nouvelle vague de la nouvelle vague, que a Europa le faltan mitos, que nos hemos despojado de Homero y de la mirada orfeica que nos ayudaba a construir nuestra identidad; que comente, a media voz, con la ausencia de la melancolía, que los viajes ficcionales que filma son viajes hacia sí mismo... Tener delante a un señor que ha rodado una película como ELENI -se estrena a finales de enero, probablemente con otro nombre-, un gran, grande poema trágico, de lenguaje desnudo por nacer como verbo e imagen epidérmica, de cadente movimiento por sus preciosistas planos panorámicos que engloban en una sola toma una geografía tanto espacial como temporal, un poema que es una historia de amor, de destierro, de apátridas..., en definitiva, una historia sobre la primera mitad del siglo XX; pues tener delante a ese señor es sentir como la electricidad de tu cuerpo entero se concentra en tu corazón para ir a a tu cerebro en un movimiento de vaivén contínuo del que, cuando todo ha acabado, no puedes, sino, caer en el vacío de las preguntas sin respuestas. Porque claro, a una no le han otorgado el Premio FIPRESCI a la mejor película europea de este año que termina. Mañana en Barcelona se lo darán al señor Angelopoulos.

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei Dos años ha tardado en rodarla. Tres meses para vacíar el río, más de seis meses para construir un pueblo y esperar otro año más para inundarlo. Tener delante a un señor como Theo Angelopoulos - bajito, calvo, un poco enclenque, tras unas gafas de sol medio traslucidas- y que te explique que no concibe la división del tiempo en presente, pasado y futuro, que es un todo; que te explique que, como Borges dijo de su literatura, hace películas para el mundo, para ti; que sentencie que no hay cine de autores sino cine personal, que hay quien es autor y quien lo intenta, que en Europa falta la nouvelle vague de la nouvelle vague, que a Europa le faltan mitos, que nos hemos despojado de Homero y de la mirada orfeica que nos ayudaba a construir nuestra identidad; que comente, a media voz, con la ausencia de la melancolía, que los viajes ficcionales que filma son viajes hacia sí mismo... Tener delante a un señor que ha rodado una película como ELENI -se estrena a finales de enero, probablemente con otro nombre-, un gran, grande poema trágico, de lenguaje desnudo por nacer como verbo e imagen epidérmica, de cadente movimiento por sus preciosistas planos panorámicos que engloban en una sola toma una geografía tanto espacial como temporal, un poema que es una historia de amor, de destierro, de apátridas..., en definitiva, una historia sobre la primera mitad del siglo XX; pues tener delante a ese señor es sentir como la electricidad de tu cuerpo entero se concentra en tu corazón para ir a a tu cerebro en un movimiento de vaivén contínuo del que, cuando todo ha acabado, no puedes, sino, caer en el vacío de las preguntas sin respuestas. Porque claro, a una no le han otorgado el Premio FIPRESCI a la mejor película europea de este año que termina. Mañana en Barcelona se lo darán al señor Angelopoulos.

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei Dos años ha tardado en rodarla. Tres meses para vacíar el río, más de seis meses para construir un pueblo y esperar otro año más para inundarlo. Tener delante a un señor como Theo Angelopoulos - bajito, calvo, un poco enclenque, tras unas gafas de sol medio traslucidas- y que te explique que no concibe la división del tiempo en presente, pasado y futuro, que es un todo; que te explique que, como Borges dijo de su literatura, hace películas para el mundo, para ti; que sentencie que no hay cine de autores sino cine personal, que hay quien es autor y quien lo intenta, que en Europa falta la nouvelle vague de la nouvelle vague, que a Europa le faltan mitos, que nos hemos despojado de Homero y de la mirada orfeica que nos ayudaba a construir nuestra identidad; que comente, a media voz, con la ausencia de la melancolía, que los viajes ficcionales que filma son viajes hacia sí mismo... Tener delante a un señor que ha rodado una película como ELENI -se estrena a finales de enero, probablemente con otro nombre-, un gran, grande poema trágico, de lenguaje desnudo por nacer como verbo e imagen epidérmica, de cadente movimiento por sus preciosistas planos panorámicos que engloban en una sola toma una geografía tanto espacial como temporal, un poema que es una historia de amor, de destierro, de apátridas..., en definitiva, una historia sobre la primera mitad del siglo XX; pues tener delante a ese señor es sentir como la electricidad de tu cuerpo entero se concentra en tu corazón para ir a a tu cerebro en un movimiento de vaivén contínuo del que, cuando todo ha acabado, no puedes, sino, caer en el vacío de las preguntas sin respuestas. Porque claro, a una no le han otorgado el Premio FIPRESCI a la mejor película europea de este año que termina. Mañana en Barcelona se lo darán al señor Angelopoulos.

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei Dos años ha tardado en rodarla. Tres meses para vacíar el río, más de seis meses para construir un pueblo y esperar otro año más para inundarlo. Tener delante a un señor como Theo Angelopoulos - bajito, calvo, un poco enclenque, tras unas gafas de sol medio traslucidas- y que te explique que no concibe la división del tiempo en presente, pasado y futuro, que es un todo; que te explique que, como Borges dijo de su literatura, hace películas para el mundo, para ti; que sentencie que no hay cine de autores sino cine personal, que hay quien es autor y quien lo intenta, que en Europa falta la nouvelle vague de la nouvelle vague, que a Europa le faltan mitos, que nos hemos despojado de Homero y de la mirada orfeica que nos ayudaba a construir nuestra identidad; que comente, a media voz, con la ausencia de la melancolía, que los viajes ficcionales que filma son viajes hacia sí mismo... Tener delante a un señor que ha rodado una película como ELENI -se estrena a finales de enero, probablemente con otro nombre-, un gran, grande poema trágico, de lenguaje desnudo por nacer como verbo e imagen epidérmica, de cadente movimiento por sus preciosistas planos panorámicos que engloban en una sola toma una geografía tanto espacial como temporal, un poema que es una historia de amor, de destierro, de apátridas..., en definitiva, una historia sobre la primera mitad del siglo XX; pues tener delante a ese señor es sentir como la electricidad de tu cuerpo entero se concentra en tu corazón para ir a a tu cerebro en un movimiento de vaivén contínuo del que, cuando todo ha acabado, no puedes, sino, caer en el vacío de las preguntas sin respuestas. Porque claro, a una no le han otorgado el Premio FIPRESCI a la mejor película europea de este año que termina. Mañana en Barcelona se lo darán al señor Angelopoulos.

murder in the dancefloor

De la sala de baile al salón de casa hay un paso.

you're worth the whole world

you're worth the whole world Un bucle: el dos mil cuatro, el amor.

El retorno del Jedi

Conclusiones

Fue en mayo de 1978 cuando se sucedió la última reestructuración en la dirección de Mundorevista. Atrás quedaron sanciones y ese pulso personal que había marcado el carácter filo izquierdista, más bien, me atrevería a sentenciar, europeísta que el empresario Sebastián Auger había querido dotar a la publicación. Atrás quedó un modo de entender el periodismo, de criticar el sistema desde el propio sistema, evolucionando en vez de revolucionando, un periodismo sepultado por las exigencias de un nuevo mercado, más democrático, más sujeto a las leyes del mercado y del confort.
Es entonces, en 1978, cuando Mundorevista se convierte en el dominical que acompaña al rotativo de los domingos, tras sufrir la enésima limpieza de cara, tanto en el diseño como en los contenidos como en el tamaño de la revista: sólo 24 páginas impresas en un papel pésimo. De la vieja guardia sólo permanece fijo Arcadi Espada. Los otros redactores pertenecían al Grupo Mundo pero habían estado coqueteando con el resto de publicaciones que la empresa periodística tenía. Quizá por ello, no hay secciones puramente fijas, a pesar de que se pueden encontrar algunas en la mayoría de los números. La entrevista, la moda, la educación de los niños, reportajes de viajes y reportajes de más o menos actualidad conforman el nuevo esquema de esta última etapa. Todos ellos de fácil consumo, presentados elegantemente, con una disposición ordenada y moderna que no podría hacer pensar de Mundorevista una publicación a la deriva. A la deriva porque no se supo administrar esa gran empresa periodística que Sebastián Auger levantó en 1966. Cuatro diarios en Barcelona, uno en Madrid y uno en Valladolid, tres revistas semanales, una empresa de artes gráficas, una de distribución y una inmobiliaria. Todo ello gracias a la disciplina férrea aprehendida en los jesuitas de Paseo Sant Joan en una etapa mucho más gris, la posguerra española, que la que viviría años después con la ruina del Grupo Mundo. Porque se puede hablar sin tapujos de la quiebra del sueño periodístico de Auger, quien en los últimos años iba de banco en banco solicitando un crédito para poder soliviantar su sueño de la comunicación, y no encontraba siquiera cinco céntimos. Javier de Quintana asegura que “Mundo Diario era muy rendible, pero los otros diarios perdían todo lo que se ganaba”.
Mundorevista apareció con La Ley Fraga en 1966 y se fue con las segundas elecciones legislativas y municipales tras el fin de la dictadura. En ningún momento de esta última etapa de la publicación se menciona una palabra sobre estos acontecimientos. La actitud política y social ha sido dejada de lado, y ya no pertenece a la personalidad de Mundorevista. En su lugar, podría ser una brillante metáfora para quien guste de la hermenéutica en los periódicos, un reportaje sobre la carta astral una semana, y a la siguiente, uno sobre las cartas del Tarot. Sin ningún tipo de pretensión, Mundorevista se ve abocada a su propia desaparición. Convertida en un mal reflejo de las publicaciones de la competencia, sobretodo El Periódico de Catalunya, la revista pierde lo que la erigía con un nombre propio dentro del panorama de la comunicación española para transformarlas en un puro pasapáginas. Lo que no se podría imaginar, es que esa tendencia de periodismo fácil, amable y cómodo, llegaría a dominar el papel que se vende en los kioskos de todo el país.
Mundorevista y su debacle constituyeron, periodísticamente, lo que hoy es pan nuestro de cada día. Cartas del Tarot aparecen día sí, día no, en nuestros dominicales más idolatrados, y lo leemos con atenta curiosidad mientras tomamos el café de la mañana. El café de los domingos, el que no nos hace plantear las cosas.

El imperio contraataca (en sólo tres horas)

“Solidaridad Obrera”

El 24 de enero de 1939 sale a la calle el último número de “Solidaridad Obrera”. Atrás quedaron más de treinta años en busca de un espacio periodístico propio que le alejó del resto de la prensa catalana; un espacio definido desde el mismo rotativo como de “barricada, [...] amigo del pueblo, Kolokol (campana) y protesta”.
“Solidaridad Obrera”, popularmente conocido como “La Soli”, nació como semanario de la CNT en 1907 para convertirse en una publicación diaria en 1916. Eran momentos de crispación política y social. A pesar de que en 1887 el partido liberal legalizó todos los partidos políticos, las asociaciones y los sindicatos, continuaba el sistema bipartidista de turnos que Cánovas creó, en el que las dos fuerzas mayoritarias del país, conservadores y liberales (liderados respectivamente por Cánovas y Sagasta), gobernaban alternativamente el país. Aquellas fuerzas que no entraran en ninguno de los dos partidos (como los carlistas o los republicanos) quedaban fuera del sistema. Además España perdió sus últimas colonias frente a Estados Unidos, y los impuestos para financiar la guerra provocaron numerosos motines y huelgas en toda España. Aún así, fueron momentos de dinamismo social y, sobretodo, económico: el crecimiento industrial era palpable en zonas como Asturias, País Vasco o Cataluña. Un crecimiento capitalista que, sin embargo, no hizo disminuir la pobreza ni la precariedad en la que vivían miles de trabajadores. Partidos políticos como el PSOE o asociaciones sindicales como la UGT iniciaron su andadura en esos años y el anarquismo empezó a surgir con fuerza.
El anarquismo fue introducido en España en 1868 por Giuseppe Fanelli, amigo de Mijail Bakunin, el principal ideólogo del anarquismo como acción revolucionaria. A principios del siglo veinte el centro de las actividades anarcosindincalistas se encontraba en Cataluña -sobre todo en Barcelona- entre los trabajadores industriales que estaban bajo la influencia del sindicalismo francés, y entre los obreros rurales y campesinos pobres en Andalucía. Para muchos anarquistas la huelga general era el arma principal que, en su opinión, conduciría a la revolución y el derrumbamiento del Estado. Los anarcosindicalistas rechazaban toda organización política y pretendían organizar la sociedad a base de sindicatos que controlaran la producción y la distribución. En los anales de la historia han quedado atentados anarquistas célebres, como el que perpetró Santiago Salvador Franch, quien hizo arder el Gran Teatre del Liceu al lanzar una bomba en plena representación, o el que sufrió el rey Alfonso XIII el día de su boda en 1906.
Pero hablar de la historia del anarquismo en España, y sobretodo en Cataluña es hablar de la historia de la CNT. La Confederación Nacional de Trabajadores fue fundada en 1910 en Barcelona como una asociación sindicalista revolucionaria que continuaba la tradición anarquista de España. En 1911 la CNT celebró en Barcelona su primer congreso ordinario y ya entonces contaba con aproximadamente 30.000 afiliados. “Solidaridad Obrera” había estado editándose desde hacía cuatro años antes en forma de boletín propagandístico de la propia Confederación: se trataba de dos páginas impresas por ambos lados del papel; en 1909 desapareció y fue un año más tarde cuando la propia “Soli” se autodenomina “Periódico Sindicalista”. Y es que el principal objetivo de este rotativo participaba de “la vieja visión anarquista de una revolución individual que debía preceder toda transformación social para asegurar su éxito como “fuente de bienestar y de avance positivo”. Un rotativo que funcionaba como plataforma de la revolución anarquista y por eso no dudó en ningún momento de atacar todo símbolo de la burguesía capitalista, y sobretodo a los otros periódicos, los no libertarios. Y se editaban más de veinte en 1923. Su influencia fue de tal calibre que en los años 30 para anunciar, por ejemplo, una huelga general, única y exclusivamente se insertaba el anuncio en “La Soli”. Porque el movimiento libertario catalán se enfrentaba directamente con la realidad sociocultural del noucentisme y de sus producciones periodísticas y, por lo tanto, se definía por oponerse a lo burgués: dentro de la pequeña historia del anarcosindicalismo catalán han quedado nombres como el de Ángel Samblancat, escritor de origen burgués, de posturas más bien republicanas e ideólogo de lo que fue llamado el antinoucentisme. Fue, sin embargo, el año 1918 el que supuso un punto de inflexión para el rotativo de la CNT. Ese año el periódico destapó cómo el comisario Manuel Brabo Portillo, una de las cabezas visibles de la represión policial contra el anarquismo, mantuvo contactos con el espionaje alemán, escándalo que llevó a que Brabo Portillo fuera encarcelado. El otro suceso que marcó la historia de “La Soli” fue el Congreso de Sants, un congreso organizado por la CNT, y en donde la Confederación quiso centrarse en la reestructuración económica del rotativo. Se decidió que “Solidaridad Obrera” se vendería a diez céntimos el ejemplar.
En 1922 la CNT se asoció con la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), pero la dictadura de Primo de Rivera prohibió cualquier atisbo de sindicalismo y “La Soli” fue clausurada hasta el verano de 1930. En 1927 se fundó la Federación Anarquista Ibérica (FAI), una sociedad clandestina de militantes anarquistas, todos miembros de la CNT, representantes del aspecto más ácrata de la militancia, y que en plena Guerra Civil, los llamados “Treintistas” (los treinta anarquistas destacados que firmaron un manifiesto contra el extremismo de la FAI), acabarían por enfrentarse con éstos; enfrentamiento que fue también reflejado en “La Soli”.
Porque no son iguales los caminos que llevan a las masas, “Solidaridad Obrera” marcó una manera de hacer periodismo y de la propia empresa periodística. De hecho la misma CNT catalana instauraría la figura del “periodista confederal”; este concepto acuñado durante muchos años sirvió tanto para los llamados directores obreros como para los que acreditaban un título periodístico. Fueron directores de “La Soli” en los años 20 y 30, entre otros: Angel Pestaña, Hermós Plaja, Joan Peiró, Eusebi Carbó, Sebastià Clara, Felipe Alaiz, Liberto Callejas, Manuel Villar, Jacinto Toryho y Josep Viadiu. Algunos de ellos sufrieron prisión y torturas, y no por ello dejó el periódico de faltar a la cita con los trabajadores.

Bibliografía

Susanna Tavera “Solidaridad Obrera. El fer-se i des-fer-se d’un diari anarco-sindicalista (1915-1939)” Diputació de Barcelona, Col·legi de Periodistas, Barcelona, 1992.

“200 anys de premsa diaria a Catalunya (1792-1992)” Barcelona : Fundació Caixa de Catalunya : Arxiu Històric de la Ciutat. Institut Municipal d'Història : Col·legi de Periodistes de Catalunya, 1995.

solidaridad obrera

La guerra de las galaxias

La guerra de las galaxias Sin piedad. La revancha, próximamente.

esta noche me voy al concierto de los magnetic fields y astrud

If you don't mind why don't you mind Where is your sense of indignation You are too kind Much too kind Where is the madness that you promised me Where is the dream for which I paid dearly When things go wrong I sing along It is the nature of the business But you're not here to make my sad songs more sincere No one will ever love you honestly No one will ever love you for your honesty No one will ever love you honestly No one will ever love you for your honesty

el sonido del invierno

help does not just walk up to you i could have told you that
i'm not an idiot
i could have told you that
in every serpent's eye watch you go where you go
every serpents double tongue takes a turn with your soul
if you let them ring your bell
if you let them ring your bell
they're ringing the bell
they're ringing the bell
why wouldn't i be trying to figure it out
everyone tells you that
everyone tells you not to quit
i can't even see it to fight it
if it looks like i'm not trying i don't care what it looks like
cause i stood at the alter and everything turned white
all I heard was the sound... of the world coming down around me
all I heard was the sound... of the world coming down around me
why wouldn't i be trying
why wouldn't i try
why wouldn't i try
cause those double tongues are singing hear the wail of the choir through the fog
the sound of that choir through the fog
they're always close they're always so close always close always so close
if there's a way out it will be step by step through the black
if there's a way out it will be step by step through the black
why wouldn't i be trying to figure it out it don't mean i'm not trying if i don't make it back
i know serpents will cross universes to circle around our necks
i know hounds will cross universes to circle around our feet
i know they're close
step by step one's beside me to kill me or to guide me
why wouldn't i be trying to figure which one out
why wouldn't i be trying to figure which one out

Bibliotheke

Borges fue director de la Biblioteca Nacional durante el auge cosmopolita de un Buenos Aires receptáculo, paraíso literario de la entreguerra europea, cuello de botella por donde se filtraron las ficciones emigrantes. Y fue Borges quien soñó con el universo completo, dispuesto (des)ordenadamente en forma de volúmenes y más volúmenes. Uno lleva(ba) a otro y así hasta el infinito. El cosmos encerrado. O no. De hecho, no creo que el saber claudicara a soportar la existencia entre cuatro paredes, o cinco, o quince mil setecientas ochenta y cuatro veces repetidas hasta la enésima potencia... No. Una biblioteca es todavía más románticamente aburrida.
En la biblioteca donde trabajo somos casi todo mujeres. Cuando entras hay una electricidad extraña. Debe ser por la moqueta, pienso. Lo primero que se hace es recoger los libros de las mesas y colocarlos donde toca. Y luego... Pues luego cada uno a su sección: los becarios a ordenar su jodida, o no tanto, sección. ¿La mía? Diccionarios, pelis y el almacen. Los diccionarios, eufemísticamente denominados libros de referencia, pesan, pesan mucho. Primero están las enciclopedias, compendio del recorrido de la humanidad. La Britannica, la Catalana,... Más adelante diccionarios de todo tipo: de linguística (código P29) y cuatro libros de Mr. eminencia David Crystal, de terminos jurídicos (código H9, de italiano, de latín, griego, inglés, catalán, portugués, alemán [...] de literatura, de medicina.
Las pelis están ordenadas según el formato. Duvidubis (DVDS), siempre desordenados, apenas hay unos veinte que te dejen llevar a casa; el Laser Disc, ese formato a medio camino del vinilo y el cedé; y el vídeo, unos mil videotapes repartidos entre la planta baja y la menos uno. El almacen es la planta -1 y allí se guarda la colección del periódico AVUI, desde 1976, fecha de su primera tirada, hasta la actualidad; y además también se guarda lo restante de los vídeos y de las diferentes secciones: filología, derecho, arte, historia, cine y comunicación.
Ahora que está más en boga la deconstrucción tras la desparición de Derrida, prestidigitador de la filosofía contemporánea, me permito la licencia de deconstruir mi propio texto trabajando-en-la-biblioteca-hoy-estoy-llegando-tarde: colocar, ordenar, leer, mirar, curiosear, colocar, ojear, hojear, y observar. Personas que estudian, leen, desordenan mi trabajo, compañeros que vienen a saludarme y me alegran la tarde. Tanto o más que ese chico fantásticamente guapo que se pasa todos los días. Aunque siempre hay un chico guapo con el que cruzar miradas en una biblioteca. No sé si Borges acabó por descubrirlo -teniendo en cuenta que él era casi, o más bien totalmente bizco-, ojos que se iban o hacia los libros o, acaso, hacia las señoritas que por ahí se pasaban en busca de saber.
La biblioteca, eso que otros llaman universo, es un lugar estupendamente aburrido, parsimónico en su cadencia temporal, eléctrico, pesado en su masa, y que forma parte del sueño, romántico e inútil, de todos aquellos que tiene, tenemos, el libro como fetiche personal. Es, en fin, un trabajo más.