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La Copa de Europa

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to kill me

Una maleta en cada una de las manos, la mochila en la espalda y una bolsa con apenas la mitad de la colección de cedeses colgada del hombro. Ascensor. Moto. Escaleras. Dejar. Vaciar. De nuevo más bolsas. En los cascos (re)suena Songs: Ohia y es entonces cuando piensa que esta vez sí, que no va a haber más juegos, ni encrucijadas, ni cul de sacs. Hay algunos sonidos que le transportan hacia pequeñas grandes imágenes y que le reafirman su intención de no ser una sombra de lo que fue. Hoy se divisa, con las maletas en la calle, en el filo de un abismo.

Inversión no versionada

El próximo lunes a las cinco de la tarde en la 210. Más me vale.

El suicidio de Lucas

El suicidio de Lucas Consumidor cultural. Ésta es mi pequeña y satírica definición sobre todo lo que pasó. Un poco cruel, un poco cierta. Cdses, entrevistas con el Loriga, con el Jordà, reportajes de la agitada vida nocturna de Barcelona, mis nuevas adquisiciones musicales gracias al soulseek, revistas de tendencias y un largo etcétera. Nada de todas esas cosas, sin embargo y en contra de lo que se pueda pensar, le sentaron mal. Estaba claro, era un snob de cuidado. Porque no es lo mismo la banda sonora de, ¡oh!, Lost in Translation que el Boom 6. Y es que Lucas, al final, se comía lo que le echaran. Es lo malo de las noches en las que ni pretendes y ni quieres -y no lo vas a hacer por nada del mundo- irte a dormir hasta que no caigas muerto por el pasillo de tu casa. Ese domingo volví a casa, y le descubrí evitándome. Pero, de repente sus ojos, enrojecidos, la casa, zafarrancho enrojecido. Al final de todo el drama, la idiotez. Médicos, limpieza de estómago, puntos, medicinas, un pastón, una semana de zafarrancho enrojecido. Y al cabo de siete días, ¡zas!, cayó de nuevo. Esa irresistible cinta magnética. Esta vez no fui yo quien se la descubrió en la boca. Tampoco se me ocurrió preguntar si se trataba del segundo volumen del Boom 6.

Hoy necesito 5 de éstos para soliviantar a mi derrota

Hoy necesito 5 de éstos para soliviantar a mi derrota
Tom Collins

Ingredientes

Zumo de limón
Ginebra
Azúcar superfino o en polvo
Cubitos de hielo
Soda muy fría

Preparación

En un vaso "Collins" echar 2 cucharadas soperas (3cl.) de zumo de limón, 6 cucharadas soperas (9cl.) de ginebra y 1 1/2 de azúcar; remover hasta la disolución del azúcar; añadir unos cuantos cubitos de hielo y alaragar con soda fría; remover rápidamente y servir. Puede adornarse con una rodaja de limón, de naranja o con una cereza en almíbar.

(NOTA: Collins es una denominación que representa a un tipo de cóctel, una bebida larga con mucho hielo, a base de alcohol con un poco de azúcar, alargaada con sifón o soda, a la cual se le añade normalmente zumo de limón. El Collins más conocido es evidentemente el Tom Collins a base de ginebra seca inglesa; cuando se sustituyer por la ginebra perfumada holandesa se llama entonces John Collins, nombre equivocadamente empleado para designar al "Whiskey Collins" o "Bourbon Collins". Puede hacerse un Collins de ron, de vodka, de tequila, de brandy, etc., pero siempre preservando Tom y John para los dos tipos de ginebra.)

11 cosas de un domingo por la noche

Tillie Olsen
soniguales.com
Juan Carlos Ortega
3 de diciembre
They Might Be Giants
Mercat de les Flors
Roger Bernat
Pereruela de Sagayo, noche de San Juan
My Antonia
Elling
Pod

Agosto

No sé cuál fue la causa. No fue la constatación del final. De ninguno de los finales acontecidos en estos tres dias. No fue el nuevo orden de mi vida. Ni que algunos se fueran, y que otros se acercaran. Ni tan siquiera fue la baja temperatura que el Fahrenheit de Moore no parecía prometer. No sé cuál fue la causa, pero ayer me metí en contra dirección por la calle Aragón, y sólo la luz me avisó de que estaba circulando sin sentido.