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La Copa de Europa

Tomorrowland

Tomorrowland

Tomorrowland (3/5 estrellas)

Parece tan simple como lógico: el germen que hizo brotar la idea de Tomorrowland, producción Disney a cargo de Brad Bird (Los increíbles), fue la visión de una rueda, una simple circunferencia y su estructura radial con la cual Walt Disney pretendía en los años 60 erigir la ciudad del futuro y edificar la utopía.

Esa ciudad que iba a ser el corazón de DisneyWorld, el parque de la compañía en Florida, había sido pensada tras haber participado el cineasta en la Feria Mundial de Nueva York de 1964 y en clave de paraíso urbano en el que convivirían en armonía monorraíles, rascacielos de diseño higiénico y un entorno sin contaminación ni ruido. El proyecto se truncó con la muerte del director y, pese a que en 1982 abrió en el propio complejo de Orlando una pseudo urbe bajo el mismo ánimo científico, no ha sido hasta 2015 cuando por fin podemos ver gracias al cine lo que podía haber sido la tierra del mañana soñada por Walt. 

Cabe señalar que no es la primera vez que la major lleva al cine una de las atracciones de sus parques (la franquicia Piratas del Caribe, por ejemplo), pero, a diferencia de experimentos previos, en Tomorrowland se parte de esa visión utópica y no tanto del parque temático en cuestión. No ha de extrañarnos, pues, que hayan confiado en dos nombres de la nueva constelación del blockbuster new age del siglo XXI como Damon Lindelof (Perdidos) y Brad Bird a la hora de vestir con la suficiente enjundia un relato que comenzó como concepto arquitectónico y que se ha vuelto suerte de reflexión sobre nuestro compromiso con el futuro.

Dos inventan juntos 

Viajes interdimensionales, estética steampunk y pulcritud milénica, junto a un entramado narrativo que va y viene en el tiempo hacen de esta aventura juvenil y de ciencia-ficción una de los trabajos más ambiciosos en años de la casa Disney. Resulta razonable esa estructura sofisticada de cara a homenajear al padre de la compañía y llevar a la pantalla una sus mayores ideas inconclusas, pero no siempre lo complicado es sinónimo de coherente y en ocasiones da la sensación de que incluso Lindelof y Bird se han perdido abrumados por los elementos que manejan.

Tomorrowland cuenta la historia de dos mentes maravillosas, la de Frank Walker, un amargado niño grande con el rostro de George Clooney -en un papel ad hoc para el tierno cinismo que sabe desprender el estadounidense-, y la de Casey Newton, una joven inteligente y optimista encarnada por Britt Robertson, que acaban implicados en la difícil tarea de salvar el universo de Tomorrowland, ciudad donde hasta hace un tiempo vivían y creaban los mejores cerebros del mundo, y así salvar también a la Tierra de su autodestrucción. Un punto de partida estimulante a la par que viaje guiado por la niña robot Athena (Raffey Cassidy, en un estupendo rol que recuerda al del niño androide de Inteligencia Artificial) pero que no consigue desarrollar todo su potencial. Más bien presenta un cúmulo de ideas en fuga.

Quizá lo más interesante de Tomorrowland sea cómo conjuga el espacio-tiempo y los escenarios por los que transitan los protagonistas, entre ellos el que presta la Ciutat de les Arts de Valencia en calidad de plató de esa urbe utópica que lucha por evitar su desaparición. Además de su fotogenia futurista, esas imágenes del Hemisfèric son quizá hoy el mejor telón de fondo para poner en escena tanto la pesadumbre como la esperanza que definen lo más íntimo del ser humano.

 

Crítica aparecida en La cartelera - Levante el 29 de mayo de 2015.


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