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La Copa de Europa

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei

Trilogia I: To Livadi pou dakryzei Dos años ha tardado en rodarla. Tres meses para vacíar el río, más de seis meses para construir un pueblo y esperar otro año más para inundarlo. Tener delante a un señor como Theo Angelopoulos - bajito, calvo, un poco enclenque, tras unas gafas de sol medio traslucidas- y que te explique que no concibe la división del tiempo en presente, pasado y futuro, que es un todo; que te explique que, como Borges dijo de su literatura, hace películas para el mundo, para ti; que sentencie que no hay cine de autores sino cine personal, que hay quien es autor y quien lo intenta, que en Europa falta la nouvelle vague de la nouvelle vague, que a Europa le faltan mitos, que nos hemos despojado de Homero y de la mirada orfeica que nos ayudaba a construir nuestra identidad; que comente, a media voz, con la ausencia de la melancolía, que los viajes ficcionales que filma son viajes hacia sí mismo... Tener delante a un señor que ha rodado una película como ELENI -se estrena a finales de enero, probablemente con otro nombre-, un gran, grande poema trágico, de lenguaje desnudo por nacer como verbo e imagen epidérmica, de cadente movimiento por sus preciosistas planos panorámicos que engloban en una sola toma una geografía tanto espacial como temporal, un poema que es una historia de amor, de destierro, de apátridas..., en definitiva, una historia sobre la primera mitad del siglo XX; pues tener delante a ese señor es sentir como la electricidad de tu cuerpo entero se concentra en tu corazón para ir a a tu cerebro en un movimiento de vaivén contínuo del que, cuando todo ha acabado, no puedes, sino, caer en el vacío de las preguntas sin respuestas. Porque claro, a una no le han otorgado el Premio FIPRESCI a la mejor película europea de este año que termina. Mañana en Barcelona se lo darán al señor Angelopoulos.

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